Una vez formado un grupo, se precisan dos fundamentos para que funcione: método y organización o auto-organización. En términos sociales, mejor auto-organización.
Hoy en día precisamos de
a) localización de los compañeros, mediante móvil y mail;
b) creación al menos de dos espacios, uno de interrelación, tipo red, y otro de repositorio o memoria de informaciones, datos y links;
c) también se puede uno reunir en directo, de vez en cuando.
El punto c) está básicamente resuelto por las reuniones del PAAP 2020 al menos en esta primera fase. A partir de febrero-marzo se precisarán de alguna reunión del grupo añadida sobre las del programa PAAP.
La mejor forma es auto-organizarse, de tal forma que se decidan los espacios y se utilicen. Para ello es fundamental que exista un responsable-observador-coordinador cada dos o tres semanas, y que el papel sea rotativo, igual que hacemos con los observadores. Eso garantiza condiciones para la democratización del grupo, y su buen desenvolvimiento.
El responsable ha de promover razones para intercambiar información si es que no se produce espontáneamente. De tal forma, que los espacios de interrelación estén cada día más llenos de intercambios y de información que se pueda utilizar.
Bueno, estas son algunas ideas para auto-organizarse.
En principio, el próximo martes, a la hora de costumbre, tenemos una reunión para organizarnos.
jueves, 11 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Segunda reunión-encuentro de Innovadores Sociales: Necesidades
Después de casi dos semanas de la segunda reunión en Innovadores sociales, hoy he decidido ponerme otra vez a escribir. El porqué de ello, mezcla de frustración y rabia. Entre la sesión del martes y la sesión que he tenido hoy en el Círculo no he podido evitar encender el ordenador y ponerme a teclear lo que siento, ya que es la única forma de poder desahogar las penas que tengo. Aunque esto no es un diario, para mi es una forma de comunicación conmigo misma, y con los demás, por supuesto, porque si nadie me lee qué sentido tiene. Pero volvamos a lo que nos importa y la sensación primera que tuve del martes pasado.
El primer día fuimos un montón y el segundo día, la mitad de ese montón, cosa probable, sabiendo que vamos a tener que trabajar mucho y los frutos si se dan, estarán creciendo cuando hayamos terminado toda esta experiencia. Es así como se pone a disposición de la gente una herramienta de participación y el resultado es que no todo el mundo la aprovecha. Es más, en la primera reunión nos quejábamos del sistema de enseñanza, que “no podíamos hacer debates, no trabajábamos en grupo lo suficiente…” blablablaba… Me cabrea tanto las quejas sin resultado que a veces creo que me equivoqué de carrera por estas cosas. Es tan difícil cambiar el “chip” de las personas que uno se queda con mal cuerpo, triste y sin ganas de nada. ¡Parece que pasamos de todo!
Los jóvenes desaprovechan las oportunidades que les brindan de forma gratuita. Y digo los jóvenes porque yo ya pasé esa etapa y pasé a la siguiente en la que valoro un poquito más todo, ¡menos mal! Quizás creen que por ser un curso gratuito es menos importante que aquellos que sí que cuestan, y mucho, y para l@s que no tenemos medios, nos es difícil poder participar. Una pena que tiren a la basura alternativas de formación dónde pueden aprender a labrarse un futuro, o por lo menos, dónde nos dan las primeras piedras para poder seguir adelante con muchas más.
En la primera nos conocimos y en la segunda sesión, los profesores nos acercaron las bases para poder empezar un proyecto de innovación. Para poder cambiar aquello que creemos que lo necesita, que no son pocas cosas, pero para ello, tenemos que ver las necesidades más cercanas, los problemas a los que nos enfrentamos cada día o que los vemos y nos hacen sentirnos mal. Y muchos, por no decir la mayoría nos fuimos a los grandes problemas; la globalización, el paro, la crisis, la exclusión social, la mercantilización de la educación y de la vida en general, las barreras de la conciliación laboral, el machismo... Un chaparrón de injusticia nos calló encima.
Sin embargo, si queremos cambiar las cosas, nos tenemos que ir a lo pequeñito, y a lo que nos roza cada día las entrañas en nuestro barrio o ciudad. ¡Ójala! El mundo lo pudiéramos cambiar por uno nuevo, libre de los males de éste, pero imposible, las utopías no existen. Tenemos que cambiar desde nuestras propias experiencias con la vida el mundo que nos rodea, por eso, esos grandes problemas se quedan fuera de nuestras manos, los podemos apaciguar pero no fulminar. Sería una carrera de obstáculos que terminarían minando nuestra propia visión y truncaría finalmente el camino qué queremos trazar.
Entonces, ¿qué necesidades podemos resolver? Las más cercanas. Por ejemplo se puede poner en marcha una cooperativa de alimentos. Crear asociaciones que lleven a cabo programas de integración para ayudar a las personas en riesgo de exclusión social. Siguiendo esa vertiente, se pueden ofrecer cursos gratuitos de materias escolares para los niños con riesgo a abandonar los estudios obligatorios. En ese ámbito, se podrían ofrecer cursos a parados, donde se les ofreciera distintas alternativas para poder enfocar su futuro laboral. Mi foco y mi experiencia vital se centrarían en buscar soluciones para los niños de la crisis y sus familias.
Si no damos posibilidades a los niños y jóvenes, no tendremos futuro. Ellos son los que tienen que ver que existe un mundo justo, donde todos tienen las mismas posibilidades, donde con su esfuerzo y un apoyo de aquellas personas que apostamos por ellos saben que podrán volar alto. No quiero, (mi propia experiencia personal) que mi hija no pueda ser lo que ella quiera, que por no tener todos los medios suficientes a su alcance se vea abocada a la desdicha, a la exclusión. No es justo que los niños sufran, no. Tampoco nosotros, pero, nosotros podemos entender porque no se puede comprar un libro o un alimento. Nosotros podemos luchar por ellos, ellos solos, no. Por eso, mi voz sería para mi hija, y para todos los niños y jóvenes que algún día serán lo que ellos quieran, no, lo que les impongan por un sistema injusto.
El primer día fuimos un montón y el segundo día, la mitad de ese montón, cosa probable, sabiendo que vamos a tener que trabajar mucho y los frutos si se dan, estarán creciendo cuando hayamos terminado toda esta experiencia. Es así como se pone a disposición de la gente una herramienta de participación y el resultado es que no todo el mundo la aprovecha. Es más, en la primera reunión nos quejábamos del sistema de enseñanza, que “no podíamos hacer debates, no trabajábamos en grupo lo suficiente…” blablablaba… Me cabrea tanto las quejas sin resultado que a veces creo que me equivoqué de carrera por estas cosas. Es tan difícil cambiar el “chip” de las personas que uno se queda con mal cuerpo, triste y sin ganas de nada. ¡Parece que pasamos de todo!
Los jóvenes desaprovechan las oportunidades que les brindan de forma gratuita. Y digo los jóvenes porque yo ya pasé esa etapa y pasé a la siguiente en la que valoro un poquito más todo, ¡menos mal! Quizás creen que por ser un curso gratuito es menos importante que aquellos que sí que cuestan, y mucho, y para l@s que no tenemos medios, nos es difícil poder participar. Una pena que tiren a la basura alternativas de formación dónde pueden aprender a labrarse un futuro, o por lo menos, dónde nos dan las primeras piedras para poder seguir adelante con muchas más.
En la primera nos conocimos y en la segunda sesión, los profesores nos acercaron las bases para poder empezar un proyecto de innovación. Para poder cambiar aquello que creemos que lo necesita, que no son pocas cosas, pero para ello, tenemos que ver las necesidades más cercanas, los problemas a los que nos enfrentamos cada día o que los vemos y nos hacen sentirnos mal. Y muchos, por no decir la mayoría nos fuimos a los grandes problemas; la globalización, el paro, la crisis, la exclusión social, la mercantilización de la educación y de la vida en general, las barreras de la conciliación laboral, el machismo... Un chaparrón de injusticia nos calló encima.
Sin embargo, si queremos cambiar las cosas, nos tenemos que ir a lo pequeñito, y a lo que nos roza cada día las entrañas en nuestro barrio o ciudad. ¡Ójala! El mundo lo pudiéramos cambiar por uno nuevo, libre de los males de éste, pero imposible, las utopías no existen. Tenemos que cambiar desde nuestras propias experiencias con la vida el mundo que nos rodea, por eso, esos grandes problemas se quedan fuera de nuestras manos, los podemos apaciguar pero no fulminar. Sería una carrera de obstáculos que terminarían minando nuestra propia visión y truncaría finalmente el camino qué queremos trazar.
Entonces, ¿qué necesidades podemos resolver? Las más cercanas. Por ejemplo se puede poner en marcha una cooperativa de alimentos. Crear asociaciones que lleven a cabo programas de integración para ayudar a las personas en riesgo de exclusión social. Siguiendo esa vertiente, se pueden ofrecer cursos gratuitos de materias escolares para los niños con riesgo a abandonar los estudios obligatorios. En ese ámbito, se podrían ofrecer cursos a parados, donde se les ofreciera distintas alternativas para poder enfocar su futuro laboral. Mi foco y mi experiencia vital se centrarían en buscar soluciones para los niños de la crisis y sus familias.
Si no damos posibilidades a los niños y jóvenes, no tendremos futuro. Ellos son los que tienen que ver que existe un mundo justo, donde todos tienen las mismas posibilidades, donde con su esfuerzo y un apoyo de aquellas personas que apostamos por ellos saben que podrán volar alto. No quiero, (mi propia experiencia personal) que mi hija no pueda ser lo que ella quiera, que por no tener todos los medios suficientes a su alcance se vea abocada a la desdicha, a la exclusión. No es justo que los niños sufran, no. Tampoco nosotros, pero, nosotros podemos entender porque no se puede comprar un libro o un alimento. Nosotros podemos luchar por ellos, ellos solos, no. Por eso, mi voz sería para mi hija, y para todos los niños y jóvenes que algún día serán lo que ellos quieran, no, lo que les impongan por un sistema injusto.
Publicado 1 week ago por Elisabet Ruano
De los problemas a las necesidades sociales
De los problemas a las necesidades sociales concretas.
En la segunda sesión hemos abordado el análisis del proceso de transformación de los problemas a las necesidades sociales concretas. La propuesta metodológica fue realizar una lluvia de ideas de lo global a lo local, sin perder la esencia de la transformación social. En la actual situación de crisis económica, los problemas abundan en cada esquina, en cada ámbito, en cada uno de los aspectos de nuestra vida indivu¡idual o social.
En el Grupo Noroeste, identificamos 11 problemas globales que nos afectan de forma concreta, los cuales los agrupamos en cuatro grupos:
1. Infoxificación.
2. Incomunicación de los mundos de vida.
3. Dificultad para acceder a la educación “universal”.
4. Falta de atención especializada a los trayectos vitales.
Por nuestra condición de estudiantes en universidades públicas, nos motiva profundizar sobre las necesidades sociales presentes en los procesos de formación universitaria. Las tres líneas general con la cual comienza nuestro diagnostico son:
1. Sobre el sistema educativo, ¿hacia dónde va el actual sistema educativo?¿se ha mercantilizado?¿qué alternativas existen?
2. Sobre la insensibilidad humana, ¿es una condición del sistema económico capitalista?
3. Sobre la globalización y la depresión, ¿Cómo afecta la globalización a los procesos educativos?Competitividad versus cooperación.
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