miércoles, 10 de diciembre de 2014

Segunda reunión-encuentro de Innovadores Sociales: Necesidades

Después de casi dos semanas de la segunda reunión en Innovadores sociales, hoy he decidido ponerme otra vez a escribir. El porqué de ello, mezcla de frustración y rabia. Entre la sesión del martes y la sesión que he tenido hoy en el Círculo no he podido evitar encender el ordenador y ponerme a teclear lo que siento, ya que es la única forma de poder desahogar las penas que tengo. Aunque esto no es un diario, para mi es una forma de comunicación conmigo misma, y con los demás, por supuesto, porque si nadie me lee qué sentido tiene. Pero volvamos a lo que nos importa y la sensación primera que tuve del martes pasado.


El primer día fuimos un montón y el segundo día, la mitad de ese montón, cosa probable, sabiendo que vamos a tener que trabajar mucho y los frutos si se dan, estarán creciendo cuando hayamos terminado toda esta experiencia. Es así como se pone a disposición de la gente una herramienta de participación y el resultado es que no todo el mundo la aprovecha. Es más, en la primera reunión nos quejábamos del sistema de enseñanza, que “no podíamos hacer debates, no trabajábamos en grupo lo suficiente…” blablablaba… Me cabrea tanto las quejas sin resultado que a veces creo que me equivoqué de carrera por estas cosas. Es tan difícil cambiar el “chip” de las personas que uno se queda con mal cuerpo, triste y sin ganas de nada. ¡Parece que pasamos de todo!


Los jóvenes desaprovechan las oportunidades que les brindan de forma gratuita. Y digo los jóvenes porque yo ya pasé esa etapa y pasé a la siguiente en la que valoro un poquito más todo, ¡menos mal! Quizás creen que por ser un curso gratuito es menos importante que aquellos que sí que cuestan, y mucho, y para l@s que no tenemos medios, nos es difícil poder participar. Una pena que tiren a la basura alternativas de formación dónde pueden aprender a labrarse un futuro, o por lo menos, dónde nos dan las primeras piedras para poder seguir adelante con muchas más.


En la primera nos conocimos y en la segunda sesión, los profesores nos acercaron las bases para poder empezar un proyecto de innovación. Para poder cambiar aquello que creemos que lo necesita, que no son pocas cosas, pero para ello, tenemos que ver las necesidades más cercanas, los problemas a los que nos enfrentamos cada día o que los vemos y nos hacen sentirnos mal. Y muchos, por no decir la mayoría nos fuimos a los grandes problemas; la globalización, el paro, la crisis, la exclusión social, la mercantilización de la educación y de la vida en general, las barreras de la conciliación laboral, el machismo... Un chaparrón de injusticia nos calló encima.


Sin embargo, si queremos cambiar las cosas, nos tenemos que ir a lo pequeñito, y a lo que nos roza cada día las entrañas en nuestro barrio o ciudad. ¡Ójala! El mundo lo pudiéramos cambiar por uno nuevo, libre de los males de éste, pero imposible, las utopías no existen. Tenemos que cambiar desde nuestras propias experiencias con la vida el mundo que nos rodea, por eso, esos grandes problemas se quedan fuera de nuestras manos, los podemos apaciguar pero no fulminar. Sería una carrera de obstáculos que terminarían minando nuestra propia visión y truncaría finalmente el camino qué queremos trazar.

Entonces, ¿qué necesidades podemos resolver? Las más cercanas. Por ejemplo se puede poner en marcha una cooperativa de alimentos. Crear asociaciones  que lleven a cabo programas de integración para ayudar a las personas en riesgo de exclusión social. Siguiendo esa vertiente, se pueden ofrecer cursos gratuitos de materias escolares para los niños con riesgo a abandonar los estudios obligatorios. En ese ámbito, se podrían ofrecer cursos a parados, donde se les ofreciera distintas alternativas para poder enfocar su futuro laboral. Mi foco y mi experiencia vital se centrarían en buscar soluciones para los niños de la crisis y sus familias.


Si no damos posibilidades a los niños y jóvenes, no tendremos futuro. Ellos son los que tienen que ver que existe un mundo justo, donde todos tienen las mismas posibilidades, donde con su esfuerzo y un apoyo de aquellas personas que apostamos por ellos saben que podrán volar alto. No quiero, (mi propia experiencia personal) que mi hija no pueda ser lo que ella quiera, que por no tener todos los medios suficientes a su alcance se vea abocada a la desdicha, a la exclusión. No es justo que los niños sufran, no. Tampoco nosotros, pero, nosotros podemos entender porque no se puede comprar un libro o un alimento. Nosotros podemos luchar por ellos, ellos solos, no. Por eso, mi voz sería para mi hija, y para todos los niños y jóvenes que algún día serán lo que ellos quieran, no, lo que les impongan por un sistema injusto.

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