martes, 18 de noviembre de 2014

¿Cómo trabajar en un equipo-grupo?

Ayer, 12 de Noviembre, tuvimos una reunión en el grupo de trabajo en el que estoy participando, en la localidad donde vivo, de la provincia de Toledo. Estamos poniendo en marcha la iniciativa popular y la colaboración de los ciudadan@s en nuestro municipio. Queremos acercar la política a la de calle, que nuestro pueblo sea partícipe del cambio. 

Para hacerlo tenemos que dar nuestro "brazo a torcer", ya que para ello, vamos a tener que  interrelacionar unas ideas con otras y vamos a tener que renegar de nuestra concepción del mundo. Ayer me dio la sensación que estamos acostumbrados a que no nos debatan y no nos corrijan, y a acatar las ideas tal cual se nos plantean. Un nefasto error que hace que nos quedemos estancados y no avancemos. 
En la primera sesión del PAAP hablamos de cómo nos gusta trabajar con otr@s compañer@s  y cómo eso ha sido algo positivo en nuestra vida como estudiantes, sin embargo, cuando hay que tomar ciertas decisiones que no son de nuestro agrado nos molesta. Nunca me ha gustado el conflicto y lo intento evitar siempre que puedo, pero, tampoco me gusta que me impongan ideas con las que no estoy de acuerdo. Desde el colegio hasta la universidad siempre he intentado evitar los trabajos en grupo, porque siempre acababan en confrontaciones; un@s compañer@s hacían más que otr@s, unas cosas eran mejores que otras y siempre parecía que el trabajo de un@ no servía para nada. 
Ayer sentí lo mismo que lo que me pasaba hace años. En mi experiencia profesional, fuera de las aulas, el trabajo en grupo ha sido siempre fundamental, pero por desgracia, en todos los casos que me he ido encontrado a lo largo del tiempo he visto que los problemas entre compañer@s son cotidianos. Recuerdo la etapa más larga de mi vida laboral en la que estuve durante tres años y medio en una misma empresa y en la que acabé fuera por ser discrepante y no estar de acuerdo con las "ideas" de la corporación. 
En cuanto se cruza la frontera de la vida irreal de estudiantes, a la vida real como profesionales, un@ se da cuenta que los que hacemos en las universidades y, en el mundo educativo en general, es un mundo a parte del mundo real. Mis ideas las tuve que dejar apartadas para poder trabajar, y muchas veces, me tuve que tragar mis utopías porque discernían de l@s demás, sobre todo, de la empresa. 
Ahora empiezo un proyecto distinto, en el cual no hay dinero de por medio, sino mejoras en la vida de tod@s nosotr@s, pero aun así, vuelven los problemas de entendimiento. No sé si es un problema residual o a tod@s nos ha pasado, pero, hace que un@ quiera "tirar la toalla" antes de empezar algo. Cuando me imaginé el proyecto, poder cambiar un poco el mundo de manera innovadora y, con la participación de gente diferente, con distintas ideas y perspectivas de la vida, me motivó dar el paso. Tod@s compartimos un objetivo común, mejorar el lugar donde vivimos, aprendiendo de los demás, y poder construir un lugar un poco más democrático y justo. Bajo mi punto de vista, claro está, tenemos un problema, el cual, se debe resolver en las aulas y en la educación de la sociedad en su conjunto. 
Durante toda la etapa vivida tanto fuera como dentro del sistema educativo he sentido que nos han formado a través de la competición. En vez de hacernos tan competitivos desde niñ@s, nos deberían enseñar la capacidad de consenso, diálogo y empatía con los demás. No podemos hacer grupos de trabajo sin pensamos que lo nuestro está más trabajado y es mejor que lo del resto de compañer@s. 
Quizás nos deberían motivar no solo a sacar mejores notas sino a llegar a entender cuál es el significado de aprender, de convivir con los demás, de compartir distintas formas de ver el mundo y la vida, de trazarnos un camino en el que nos complementemos un@s a otr@s sin nunca excluir a nadie.

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